Epilogo: Los buenos y los malos lectores

Por eso, ahora, con un dejo de escepticismo y segura impopularidad entre los augures, intentaré una somera y muy fragmentaria aproximación sistemática. Valga mi esfuerzo paradojal como tributo a tanto mal lector, como lo soy yo mismo casi todo el tiempo.
Distingo dos tipos patológicos de lectores críticos, el lector de fragmentos y el lector de sistemas.

El primero no pasa de lector atento, mañoso, capaz de descubrir el desvío de una coma pero de tragarse un cartel de neón. El texto para él es un conjunto de piezas de estructura antojadiza, por lo general tendiente al delirio metafórico por solipsismo. Hace hincapié en las discontinuidades, los silencios, los vacíos y lo novedoso. Ama lo aforístico y la cita, leídos desde su mundo irracionalista, por lo general oscuro y taciturno. Desestima el contexto y piensa el texto como un objeto autotélico.

El segundo penetra ciertos aspectos genéricos hasta la médula, pero en un esquema harto sencillo, muy simplificado y siempre tendiente a la búsqueda de una idea rectora del texto, por lo general autoimpuesta por su propia erudición, y por lo tanto determinante para la aprehensión del mismo. Tiende por ello a la sobreasignación de sentido. Hace su base en lo continuo, la forma, la regularidad, lo normativo. Ama la deducción de estructuras dentro de un mundo luminoso y optimista, al menos en lo ideal de su racionalismo. El contexto para él permite agotar la obra.

El primero tiende a al pensamiento mágico, el segundo al pensamiento mecánico. El uno justifica el texto por lo estético emocional, el otro por lo lógico racional. Ambos son panexplicativos. No hay nada fuera de su órbita, por más que a voces sostengan lo contrario.

Ante ello propongo -como buen lector- al lector de conjunto. Basado sobre las virtudes de ambas tendencias -y el rechazo de sus excesos y carestías-, más lo propio y original de este orden del pensamiento.

Una guía para el buen lector crítico sería:
§ El fragmento como parte del todo, pero nada es tan sencillo de formalización como parece, al menos a priori.
§ El contexto sirve, no debe ser ignorado, pero también el funcionamiento autónomo del texto.
§ La ausencia dice, pero sólo en función de lo que está; requiere de ello porque no deja de ser parasitaria. Ignorar la ausencia es simplificar, es generalizar perdiendo particularidades significativas, y es forzar al pensamiento. Todo intento, que no considere esto, está condenado al fracaso o la justificación mágica o al delirio.
§ Las continuidades en la discontinuidad y las discontinuidades en las continuidad.
§ Los aforismos y frases hechas, de por sí, poco dicen y más como mera repetición en letanía. Asimismo tampoco las deducciones en un vacío lógico aséptico.
§ Valorar la economía en la medida que no limite (o aburra). La sobreabundancia empalaga. Tanto desluce lo amañado como lo parco.
§ Es bueno usar todos los recursos, sean de la época que sea. No hay etapa superada o superadora en arte, hay cuanto mucho nuevos aportes, pero más frecuentemente moda caprichosa. Esto pasa en toda época.
§ No existe texto perdurable que no tenga una dimensión objetiva y comunicable, al menos desde (o a pesar de) la voluntad del autor, como tampoco aquél que carezca de connotaciones subjetivas sugeridas al (y por) el lector. Esta comunicación (discurso) en poesía difiere del modo coloquial o el científico, se da en otros ordenes y formas propias, aunque puedan darse superposiciones con las primeras.
§ Asignarle funciones mágicas al texto, tomarlo como una especie de revelación insondable e incomunicable, es en extremo nocivo. Tanto como considerarlo un mero instrumento reducible a esquemas. Hay un espacio intermedio, que es el propio del arte, entre ambas concepciones.
§ Renunciar a la inteligencia en el arte, es degradarlo.
§ Trascendencia, inmanencia y superficie; aspectos de toda obra cabal.
§ Dicho y sugerencia, silencio y logos, innovación y memoria; la esencia del arte auténtico.
Creo que así es posible una lectura plena del texto. Lo demás suena a ardid para mantener status quo de sabio, marketing o repetición irreflexiva.

Ahora después de haberse tragado esta monserga, pueden volver a leer el libro, con seguridad, un poco más enojados con el autor.

Anterior Inicio Indice Siguiente
1