Semiótica

Vi las formas danzar rabiosamente
al compás de algarabía luminosa;
el embaucador giraba con destreza,
el muy impío, sus tahúres manos.
A los ojos, al punto, me miró
y dijo con sonrisa predadora:
"¡Oye muchacho! ¿En qué mano está la piedra?
¡Pero antes, tus monedas!"
Las dejé sobre la tabla y contesté:
"En ninguna pícaro, está bajo la mesa.
Si bien ciertas manos y piedra son
no lo son en coexistencia."
Tomé mis monedas, las suyas y me fui

 
Fácil no es
La presa de Vidurr
Echar afuera,
Desde el escondrijo del alma.

Poesía Escandinava Primitiva
Anónimo



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