Trimegisto y el Dragón
[1]
Debió ser la noche que tuvimos el sueño gnóstico:
«Caminábamos por las arenas del candente Egipto, solos, alongados de las riberas del Padre Nilo, cuando vimos figura, seco hombre y enjuto, deçir los médanos infinitos.
-¡Eh Trimegisto! -dijimos con el gargüero seco.
-¿A qué, Bestia, expones tu hueca testa a la faz del ardiente Horus, 'El que gobierna sin los dos ojos'?
-Maestro Toth: ¿Tus ethos, pathos y logos
[2] son herméticos o hermenéuticos?
-Esta es una verdad de perogrullo. ¡Somos faraones vivos y enjoyados, no saqueadores de tumbas!
-Pero hay un sabio de los vates que dice lo contrario. ¡Y amenaza con aporrearnos!
Entonces, El Tres Veces Grande, recitó en sabiduría:
|
Y no hay aquél peor orate
que con racional montura
mantiene a sandez su templo.
Es ése el necio fanático,
tábano muy mucho odioso.
No sólo la estulticia eleva,
con ofusca terquedad,
de la virtud, a real trono,
sino que a fuerzas brutas,
de palos, la justifica.
[3]
|
Y el viejo Hermes se desvaneció de nuestra vista.»
-¡Qué lo parió! -dijo Mendieta
[4].
-¿Quiere agrandar su pedido por cincuenta centavos más?
[5].
El Dragón, Alejandría, siglo I A. de C.
|
|   |
Caballo que no galopa
va derecho al pisadero
estrella que no hace noche
se alumbra con el lucero
Soy jinete de la noche
voy galopando hacia el alma
ando lejos de mi tierra
por no vender mi guitarra
Mi caballito querido
esta te pido nomás
nos han echado lo perros
pero no me han de alcanzar
Caballo que no Galopa
Horacio Guarany
|
 |
|